Explora la música clásica: Louise Farrenc por  Vivien Schweitzer

En 1847, un crítico escribió en la Revue et Gazette Musicale, publicación semanal francesa dedicada a la música clásica, que las sinfonías de la compositora Louise Farrenc encarnaban “el talento sinfónico más grande entre las mujeres”, y agregó que Farrenc era “no solo la primera mujer en acercarse al género si no que muchos compositores hombres estarían orgullosos de haber escrito sinfonías como ella”. Además de escribir tres sinfonías y un impresionante catálogo de música de cámara y piezas para solista, Farrenc era una virtuosa pianista, erudita pionera y la única profesora titular en el siglo XIX en el Conservatorio de París, aunque solo enseñaba a alumnas.

Según un estudio reciente, la brecha salarial de género podría desaparecer hasta 2070. Farrenc, a mediados del siglo XIX no estaba dispuesta a aceptar el statu quo. Después del éxito de su elegante Nonet para instrumentos de viento y cuerdas, cuyo estreno en 1850 contó con el violinista estrella Joseph Joachim, Farrenc exigió el mismo salario que sus colegas hombres. El director del conservatorio quedó tan impresionado con su trabajo que inmediatamente aceptó aumentar su salario.

En 1845, los Treinta estudios en todos los tonos mayores y menores de Louise Farrenc (Op. 26) se convirtieron en un requisito para los estudiantes de piano del Conservatorio de París. En 1840, el crítico musical parisino Maurice Bourges, quién también elogió los talentos sinfónicos de Farrenc, predijo en La Revue que la colección se usaría “no solo para desarrollar técnicas sino también para moldear el gusto”. Farrenc ganó dos veces el Premio Chartier de música de cámara de la Academia de Bellas Artes. Este premio fue posteriormente otorgado a Franck y Fauré. Sin embargo, a pesar de su impresionante trayectoria como compositora, no se le permitió enseñar composición en el Conservatorio, cátedra a la que las mujeres pudieron inscribirse hasta 1870.

Farrenc ciertamente disfrutó de un sistema de apoyo mucho más sólido que sus contemporáneas. Fanny Mendelssohn no fue animada a publicar su música ni por su padre ni por su hermano menor Félix, cuya carrera eclipsó la suya. Clara Schumann, madre de ocho hijos, escribió en su diario: “Una vez creí que tenía talento creativo, pero he renunciado a esta idea”. “Una mujer no debe aspirar a componer, no ha habido una que pueda hacerlo. ¿Debería ser yo la indicada?” Su esposo, Robert Schumann, no la alentó: “tener hijos y un esposo que cambia de planes constantemente no encaja con la composición. Esta Clara sabe que su ocupación principal es ser madre”.

Los talentos musicales de Louise Farrenc fueron alentados por su familia, un distinguido clan artístico cuyos miembros incluían escultores y pintores reales. Nacida en París en 1804, Louise estudió piano cuando era niña con Cécile Soria, alumna de  Clementi. Otros maestros importantes incluyeron a Ignaz Moscheles y Johann Nepomuk Hummel. Farrenc también tomó clases privadas de composición con Anton Reicha, cuyos estudiantes incluyeron a Liszt, Berlioz, Gounod y Franck.

Farrenc interrumpió brevemente sus estudios a los 17 años para casarse con el compositor y flautista Aristide Farrenc, con quien hizo una breve gira. La pareja fundó Éditions Farrenc, una editorial exitosa y un vehículo para publicar las obras de Louise. Ambos estaban profundamente interesados en la música antigua y lanzaron una antología de 23 volúmenes de música para piano y clavecín llamada Le Trésor des pianistes (El tesoro de los pianistas), que Louise ayudó a compilar y editar.

Aristide también defendió activamente su carrera como compositora. Un joven colega señaló que Aristide “fue capaz de percatarse del talento de su joven esposa, animarla, virtualmente obligarla, dicen, a poner a disposición del público las obras que por su modestia, en un grado rara vez encontrado, se mantuvieron inéditas”. Después de la muerte de Aristide en 1865, Louise continuó como única editora.

Farrenc realizó actividades interpretativas, de composición y académicas, junto a un trabajo como docente en el conservatorio, donde comenzó como profesora de piano en 1842. Con sus alumnos del conservatorio presentó en salones un repertorio de los siglos XVII y XVIII, observando el estilo de época que Louise, pionera de la erudición de la música renacentista y barroca, había investigado. Sus alumnos incluyeron a su única hija, Victorine, una estudiante estrella que ganó el primer premio de la escuela en 1844.

Brahms expresó ansiedad al escribir sinfonías a la sombra de Beethoven. Si Farrenc tuvo algún reparo en acercarse al género, ciertamente no lo muestra en sus tres sinfonías magistrales, claramente germánicas, todas escritas en la década de 1840. Su sinfonía no. 3 se estrenó incluso en el mismo programa que una interpretación de la quinta sinfonía de Beethoven, entonces una de las sinfonías más populares de París.

Tomemos, por ejemplo, los trabajos de Louise Farrenc recientemente grabados en este álbum de Naxos. Su primera sinfonía es carismática y magistralmente orquestada, comenzando con el tema cambiante que emerge de las cuerdas más bajas y se repite en los instrumentos de viento. El melancólico Adagio cantabile demuestra sus dotes como melodista, y el cuarto movimiento final se desarrolla en un resplandor de energía y optimismo beethoviano.

Las dos oberturas de Farrenc (no. 1 en mi menor y no. 2 en mi bemol mayor) fueron compuestas en 1834 y, como sus sinfonías, son obras hábilmente construidas llenas de contraste y textura. Finalmente, las Grandes variaciones sobre un tema del conde Gallenberg sirven como un vehículo de emociones para los pianistas virtuosos, con arrebatos vivaces equilibrados por pasajes introspectivos y melancólicos.

Farrenc escribió sus sinfonías en un momento en que el género sinfónico estaba definitivamente fuera de moda en París. Sus obras orquestales fueron presentadas con poca frecuencia durante su vida, no por ser mujer, sino por la logística y las preferencias locales. La ópera, el vodevil y la música de salón eran populares en París, y había pocas orquestas profesionales que se centraran en el repertorio sinfónico. Incluso, teniendo conexiones en el Conservatorio, tuvo que esperar unos años antes de que la Société des Concerts du Conservatoire estrenara su dinámica tercera sinfonía.

El musicólogo y crítico belga François-Joseph Fétis observó en su Biographie universelle des musiciens que el género sinfónico requiere “recursos de interpretación que para un compositor representan un esfuerzo enorme”. Fétis también observó que los gerentes de orquestas del siglo XIX enfrentaron un problema con el que los programadores de conciertos del siglo XXI probablemente empatizan: superar la resistencia del público a la nueva música o compositores desconocidos. “Otro factor aquí es el público, por regla general, no muy bien informado, cuyo único estándar para medir la calidad de una obra es el nombre de su autor”, escribió Fétis en su libro. “Si se desconoce al compositor, el público sigue siendo poco receptivo y los editores, especialmente en Francia, de todos modos cierran los oídos cuando alguien les ofrece un trabajo decente”.

Farrenc quedó devastada cuando su hija murió en 1859 a los 33 años. Nunca volvió a componer, pero continuó enseñando en el conservatorio hasta unos años antes de su muerte en 1875. El obituario del New York Times la describió como “música y compositora de considerable distinción”, pero su obra cayó en la oscuridad poco después. Sin embargo, así como Farrenc exhumó y defendió la música de períodos anteriores, sus labores docentes y composiciones fueron rescatadas un siglo después por Bea Friedland. Como ejecutiva y editora musical de Da Capo Press, Friedland supervisó el lanzamiento de una edición facsímil de la antología de Farrenc, Le Trésor des Pianistes. También escribió numerosos artículos que exploran la vida y obra de Farrenc y publicó una biografía bien recibida en 1980.

Si bien Farrenc carece del reconocimiento de Fanny Mendelssohn o Clara Schumann, su música seductora está disfrutando de un merecido renacimiento. También merece una mayor atención por su trabajo pionero como académica y activista feminista un siglo antes de que se aprobara una ley de igualdad de género en Francia, donde, como en la mayoría de los países, la desigualdad salarial sigue siendo la norma.

La historia de la talentosa Farrenc es sin duda oportuna para la conmemoración del mes de la mujer, pero sus logros merecen reconocimiento durante todo el año. Su activismo debería servir de inspiración para las personas marginadas en cualquier campo que deben continuar luchando por la igualdad de oportunidades, el reconocimiento y un salario justo.

– Escrito por Vivien Schweitzer

Vivien Schweitzer vive en Nueva York. Es periodista y pianista. Su primer libro A Mad Love: An Introduction to Opera, fue publicado en  2018.

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